
Las entidades elevan plazos e importes de los préstamos mientras reducen los intereses.
Los supervisores europeos vigilan si escapan a sus recomendaciones.
Sísifo, un rey de la antigua Grecia, fue condenado por los dioses a subir una empinada ladera cargando una roca de por vida; cuando llegaba a la cima, la piedra rodaba otra vez hacia abajo y el mortal debía emprender el camino de nuevo. El mito griego puede parecer alejado del mundo de las finanzas, pero el devenir de los bancos tiene algo que ver con
esta penitencia. Escalan durante años una elevada montaña con una roca de créditos concedidos a sus clientes que se va haciendo cada vez más y más grande y, cuando llegan a una cumbre de beneficios y dividendos, puede aflorar que, si no se han hecho las cosas bien, esa roca pese demasiado y les haga despeñarse.
Así ocurrió en 2008, cuando la Gran Recesión destapó que el sector acumulaba una enorme pelota de créditos de dudosa solvencia, concedidos con demasiada ligereza durante los años del boom inmobiliario, y que sembró el sector de quiebras y reestructuraciones. Las entidades que quedan en pie tras aquel vendaval, menor por el intenso proceso de fusiones, se vieron obligadas a emprender el camino a la cumbre de nuevo. Tuvieron que lidiar durante años con tipos cero, con una pandemia, varias guerras, tensión política e inflación desbocada. Ahora acumulan tres años de beneficios récord y presumen de dinamismo comercial, al tiempo que el precio de la vivienda vuelve a crecer sin freno.
Las dudas arrecian: ¿están condenados a caer de nuevo? Al otro lado de esa altísima montaña que deben subir los bancos, están los clientes. Sufren un mercado de la vivienda tensionado al límite: el precio se situó en 2025 en máximos históricos, de acuerdo a los datos recién publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Y, al tiempo, los
bancos tienen unos estándares más estrictos a la hora de conceder crédito hipotecario, al requerir que los hipotecados aporten, al menos, un 20% del valor del inmueble o alcancen un determinado nivel de renta, lo que ha complicado el acceso a la vivienda.
Relajación de estándares
El mercado bancario en España está muy consolidado y a los bancos les cuesta cumplir con la presión de sus inversores para que pulvericen récords de beneficios y paguen cada vez más dividendos. El riesgo es que, para seguir creciendo, relajen esos estándares de concesión hipotecaria. Así lo muestran algunos indicadores. El porcentaje de hipotecas concedidas por más del 80% del valor del inmueble ha pasado del 6% a inicios de 2024 al 11% actual; el porcentaje del valor de la vivienda que se cubre de media está ya en el 65%, y el plazo medio se alarga y ya supera los 30 años.
Fuente Periodística: El País